¿Por qué no hay luz en Venezuela?

Comienzo por asegurar y poder demostrar que es la piratería la que acarrea esta secuencia de apagones que mantienen a oscuras a millones de familias venezolanas. La falsa revolución impuso el modelo de las improvisaciones dejando de lado la planificación y la gestión con base a planes bien elaborados. Eso tenía un destino inevitable: la anarquía y el caos que hoy se sufre. Además, no era suficiente ser un buen técnico, como aquellos de los que hicieron carrera en la vieja Cadafe. Para nada. No era indispensable tener méritos profesionales, o mejor dicho, solo bastaba con que el escogido jurara lealtad al proceso de la revolución del siglo XXI. La sentencia estaba a la vista: La pulverización de los esquemas institucionales darían paso al populismo y entonces ¡Adiós eficiencia! Nada era más importante que darle piso sólido a la revolución, de allí que -esas mojigaterías del “desarrollo nacional”, quedaron sepultadas en la cuarta república- exclamaba, muy orondo, el jefe socialista.



Pero esa pose de nacionalsocialista se derretía cuando se anunciaban las asesorías extranjeras que anulaban, poco a poco, la probada calidad de la ingeniería venezolana. Así comenzaba la fiesta, la orgía financiera, pues. Venezuela colocaba los millones de dólares, sin reparar si esos desembolsos contaban con sustentabilidad y sostenibilidad financieras. Lo que importaba, al fin de cuentas, era hacer los negocios. ¡Asegurar las comisiones para todos los revolucionarios! Y cuando algún técnico sobreviviente en esa selva revolucionaria sacaba fuerzas para advertir que -esas decisiones nos van a meter en una catástrofe nacional-, la respuesta era que “la revolución aguanta todo”.

Era más que evidente que la corrupción ya había hecho metástasis en un esquema que no admitía transparencia, ni exigía rendición de cuentas. Todo lo hacían a oscuras, porque tampoco había luz para hacer las cosas lejos de la opacidad. Arrasaron con la meritocracia, desactivaron los programas de mantenimiento que se hacían regularmente, trocha a trocha, planta por planta. Ese monstruo centralizado se tragó, a dentelladas, el profesionalismo y la descentralización que había derivado en beneficios para las regiones del país y fue entonces cuando llegaron los apagones y cortes sorpresivos.