Diosdado y Maduro liquidaron el periodismo en Venezuela

El periodismo siempre ha estado ligado al poder. De hecho los estudiosos de la materia lo denominan el cuarto poder. Pero el experimento de la destrucción de un país, como ocurre en Venezuela, ha demostrado la verdadera naturaleza del periodismo: en realidad es el poder omnipotente, y quien lo controle, de hecho tiene el poder absoluto.


La vida me dio el privilegio de conocer por unos fugaces minutos al gran escritor mexicano Carlos Fuentes. Ocurrió en el año 86 en los lúgubres bancos de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Zulia, por donde se desplazaba luego de dar una conferencia en el auditorio.

Apenas lo divisé (había asistido a su charla), le pregunté si él era el Artemio Cruz de su famosa novela. Me dijo que todos sin excepción llevamos en nuestras vidas un Artemio Cruz. Nos preguntó qué estudiábamos. Le respondimos que periodismo. Entonces nos dijo: “La mejor profesión del mundo. Pero nunca van a ser libres, porque el periodismo siempre va responder a los intereses de los que tienen el capital, de los dueños de los medios de producción”. Y se atrevió a aconsejarnos: “Su trabajo es intelectual, nunca piensen como asalariados. Si están por graduarse comiencen desde ya a unirse y formen cooperativas y saquen revistas de literatura, de deportes o de lo que les guste. Pero no vayan a englobar el ejército de los esclavos”.

Para entonces idealizamos al periodismo. Pero cuando comenzamos a ejercer, las palabras de Carlos Fuentes se nos vinieron encima. Era frecuente que el director bajara de su oficina y nos dijera: Este tipo está vetado por el dueño, así que no puede salir en el periódico. A éste hay que darle duro, es enemigo político del jefe. Aquel no quiere pautar con nosotros, denle duro.

Los dueños de medios se jactaban que ellos ponían y quitaban alcaldes, gobernadores y presidentes. De hecho en la práctica así era. Desde sus cómodas oficinas manejaban el hilo del poder de un país. Entonces no eran el Cuarto Poder, sino el Primero.

Esa lección debió aprenderla Hugo Chávez Frías. Cuando el 27 de marzo de 1994 sale de la cárcel y se lanza al ruedo político, no era ni por menos el favorito de los grandes medios. Sólo en el último año de su candidatura recibe el apoyo de Venevisión y El Nacional.

Al ganar la presidencia Chávez entendió que, al no contar con la gracia de los medios, había que destruirlos desde la estructura de poder del Estado. Comenzó una campaña de desprestigio para destruirlos moralmente. A Diosdado Cabello lo colocó al frente de Conatel. El sistema de medios  públicos dejó de cumplir su función para pasar a ser cañones mediáticos.

De esta manera la primera gran batalla por el poder que se dio en abril del 2002 y fue ganada por los dueños de medios de comunicación, quienes fueron la punta de lanza para el breve derrocamiento de Hugo Chávez. Ellos hicieron su trabajo, no así los políticos y militares, por lo que Chávez volvió de nuevo al poder a los tres días.

Pero las escaramuzas prosiguieron con la Plaza Altamira, el largo paro petrolero de seis meses. Al final Chávez ganó la batalla de la opinión pública, ya que cuando llegó al poder los medios tenían una valoración de un 60% en la población y para cuando saca del aire a Radio Caracas Televisión en 2007, apenas llegaba al 30%.

Después de la muerte de Hugo Chávez, los aprendices a dictadores, que ya tenían un doctorado, decidieron que al contrario a su maestro, ellos no podían convivir con medios críticos. En el 2009 Diosdado Cabello había experimentado cerrando 34 emisoras de un solo golpe, y acabó con uno de los circuitos más poderosos del país como Belfort. Los restantes entendieron que era mejor negociar que perderlo todo.

Entonces desde finales del año 2013 emprendieron una novedosa estrategia para acabar con la libertad de expresión. Con los testaferros, con sus bolsillos llenos de dólares, comenzaron a comprar grandes medios con ofertas estrafalarias: Por Globovisión pagaron 60 millones de dólares, adquirida por Raúl Gorrín. Por Últimas Noticias, 140 millones de dólares; y por El Universal, 40 millones de dólares, siendo el comprador Samark López; por el circuito de radio FM Center, 40 millones de dólares; y por el diario Notitarde, 120 millones de dólares, teniendo como testaferro a Francisco Ameliach.

Pero al mismo tiempo crearon la corporación Maneiro, dirigida por Hugo Cabezas, que se encarga de adquirir todos los insumos para los medios impresos a dólar preferencial para luego venderlos a los medios. Al final todos los medios impresos dejaron de circular.

Para no dejar cabos sueltos, Conatel con un abuso de autoridad nunca antes visto, sacaba del aire a canales internacionales como CNN, Caracol, RCN, NT24. Para no dejar cabos sueltos crearon la Ley de Medios Electrónicos para someter al creciente periodismo digital.

De esa manera el binomio Diosdado Cabello y Nicolás Maduro propiciaron un apagón informativo, una cesura mediática que acabó con el periodismo en Venezuela.